
Revista Médica Vozandes
Volumen 33, Número 1, 2022
La Inteligencia Articial (IA) juega un gran papel en la
transformación digital de la sociedad y ya está presente en
muchas áreas de la vída cotidiana. El surgimiento de la IA
(1)-aplicada a las disciplinas cientícas- provoca tan frenético
adelantamiento por la derecha que un buen número de
cientícos -más de mil se han sumado a la propuesta inicial
del Future of Life Institute- piden una suspensión -moratoria de,
al menos, 6 meses- de los avances que se esperan en esta
desaante materia para evaluar, antes de asumir su impacto
real, los riesgos, peligros y amenazas que puede conllevar.
Una de las mayores preocupaciones de la ciudadanía -a la hora
de asumir este inevitable impacto de la Inteligencia Articial en
el mundo postmoderno- es la pérdida de puestos de trabajo,
como consecuencia de la amortización de un buen número de
profesiones y la revalorización del capital humano como fruto
de una inteligencia natural, imposible de imitar por la máquina;
pero ya -casi- todo es susceptible de articial imitación (incluso
la capacidad crítica, la originalidad y la misma creatividad
cuando se toman como base de otras creaciones, conscientes
como lo somos, de la consabida enseñanza clásica: Nihil
novum sub sole): imágenes idénticas a las reales, textos de
extraordinaria calidad, traducciones impecables, resoluciones
óptimas de problemas complejos, etc. Por si todo esto fuera
poco, las “redes neuronales (articiales)” de la IA llegan a
generar, con autonomía -respecto de la intervención humana-
nuevas soluciones o respuestas, más rápidas, más ecientes,
más económicas; pero estas respuestas, ¿son también más
satisfactorias desde el punto de vista de la Verdad, la Ética y la
Justicia?. Demasiados frentes abiertos … y, sobre todo, frentes
opacos: entre tanto desconozcamos los datos -su procedencia,
su actualización, su anidad-, procedimientos -sus cauces-
y prioridades que inuyen en la toma de decisiones, no será
fácil acertar a regular las -más que probables- suras, quiebras,
sesgos y riesgos de esta nueva Tecnología inteligente.
Pero no puede esperarse a tener todas las piezas para comenzar
a construir el puzle: resulta evidente que las fotografías que
simulan imágenes reales, las voces que sugieren expresiones
auténticas o las noticias que evidencian informaciones ciertas
-siendo, en verdad, todas ellas (imágenes, audios y noticias)
manipuladas y, por tanto, falsas (Deepfakes)-; las traducciones
o construcciones contractuales erróneas -que provocan
graves daños y perjuicios-; las obras intelectuales e industriales
de la IA -ideadas a imagen y semejanza de las ya creadas,
con mucho esfuerzo, por la Inteligencia Humana-; entre otras
muchísimas quiebras, riesgos y amenazas de la IA, conllevan la
transición hacia un nuevo -e inhóspito- mundo de estadística sin
conciencia, de datos sin contraste y de irrefutables irrealidades,
que impactan -de forma agresiva- en nuestra realidad,
mientras la Justicia se mantiene sin marco legal
habilitante, sin conocimientos tecnológicos y sin
una mínima experiencia previa.
Entre tanto la IA va tomando una velocidad tan
vertiginosa, que determinadas profesionales
comienzan a temer por el futuro de la profesión.
Ya ha llegado la robótica con sus ilimitadas
posibilidades. También ha llegado el Metaverso,
si bien todavía llegará -en su mejor versión: otra
más sosticada, desde luego, que la actual-
y con él, un mundo de vibrantes emociones
y sensaciones por descubrir, un “sinfín” de
controversias por resolver, un trasvase de
acciones -entre reales, imaginarias e híbridas-;
en denitiva, un nuevo mundo totalmente
desconocido, entre otras, para la generación
de los padres de la Constitución; pero un nuevo
mundo que se desarrolla -aún sin saberlo- en el
marco de los principios nucleares, de los valores
esenciales y de los derechos fundamentales de
esta Alta Norma.
Las innovaciones siempre generan, a priori, un
natural rechazo, sin embargo, los benecios de
su incorporación, en el campo de la medicina,
son maniestos en términos de eciencia,
precisión, seguridad, optimización de recursos,
permitiendo promover una transformación
y mejora de las prestaciones sanitarias, sin
olvidar que la IA no debe considerarse un n
en sí misma “… sino un instrumento al servicio
de las personas para mejorar nuestras vidas
de manera que nos permita perfeccionar y
complementar la adopción de decisiones y
su razonamiento gracias, al procesamiento
masivo de datos a través de distintas técnicas
(…) que cualquier ser humano estaría impedido
de llevarlo a cabo por si mismo.(2)”
Sin embargo, no se puede ignorar o preterir que la
IA adolece, bien es cierto, de un buen número de
debilidades, por el momento -escasez de datos
(todos ellos, además, cronológicamente pasados)
y desconocimiento de su real procedencia
(sino a riesgo de invadir su imprescindible
protección), opacidad o falta de la debida
transparencia, posibles sesgos o prejuicios,
deciente discriminación de casos no idénticos,
extremo automatismo (inexistente capacidad
EL MANEJO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL DESDE
PARÁMETROS ÉTICOS Y LEGALES. Pérez-Cruz Martín A, et al.
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1. La IA es denitiva por la Real Academia de la Lengua España como una “disciplina cientíca que se ocupa de crear programas informáticos que
ejecutan operaciones comparables a las que realiza la mente humana, como el aprendizaje o el razonamiento lógico» (Diccionario de la Lengua
Española. Ed. del Tricentenario. Actualización de 2022 -https://dle.rae.es/inteligencia?m=form#2DxmhCT (consultado el día 11 de junio de 2023).
El Consejo de la UE, adopto, el pasado 8 de diciembre de 2022, ha restringido la denición de sistemas inteligentes a los desarrollados a través de
estrategias de aprendizaje automático, la lógica y el conocimiento.
2. Vid.: Garcia-Varela Iglesias R, Xiol Ríos J, Llano Alonso F, Irazabal E, Beiro Magán J, González M, et al. Ética e Inteligencia Articial. Actualidad Civil.
2022; 11:2 Ed. La Ley, Madrid.